El motivo de este blog es referirse a la temática de la Literatura Infantil, pero antes de abocarme al trabajo les daré un breve resumen sobre mi persona. Mi nombre es Natalia Montecinos Ramírez, tengo ejem veintiocho años (ya estoy en la etapa de los veintisiempre), soy profesora de Lenguaje, vivo y trabajo en Temuco donde ejerzo en el Liceo Bicentenario. Todo esto podrá darles un panorama mas o menos sesgado sobre mi persona, pero si hay un acto que realmente me define es el leer. Siempre me ha gustado la lectura, desde mi más tierna infancia (que suena cursi eso) cuando era una pequeña y curiosa niña que tuvo la bendición de que su madre le enseñase a leer a los cuatro años. Y esa niña (yo) se vio ineludiblemente seducida por la lectura. Yo desde que tengo memoria que recuerdo a mi mamá que me leía cuentos de libros o que ella misma inventaba o pasando largas horas conmigo dibujando todo lo que imaginaba. También recuerdo a mi tata Mario, mi abuelito querido que ya falleció hace más de 20 años, pero que aún vive en mi memoria del corazón, él tenía en su pequeña casa en Los Lagos una enorme biblioteca, llena de libros y revistas de amplia erudición, porque él amaba la lectura. Me cuentan que después de llegar de su trabajo como ferroviario siempre le dedicaba un tiempo a sus libros, a los cuales yo pude tener acceso después... cuando yo tenía 5 años, él me ponía en sus piernas mientras yo le leía la revista "Geomundo". Para mi fue una pérdida terrible cuando él falleció... y apenas tuvimos la oportunidad de volver a Los Lagos a su casa, yo busqué los ecos de su personalidad en su casa, pero estos ya se habían desvanecido totalmente, porque sus numerosos hijos se habían repartido la biblioteca entre ellos, en la casa ya no quedaba nada y eso me hizo comprender que realmente se había ido.
Ese mismo año tuve que entrar a Kinder y la "Tía" Antonina vio con malos ojos el hecho que yo supiera leer a esa edad y me acuerdo claramente que le dijo a mi mamá "es que esta situación altera mi planificación". Yo que en esa época no sabía nada de planificaciones no lo entendí, pero sí supe leer la desaprobación que ella emanaba cuando entré a la sala. Por lo mismo, me excluyó de casi todas las actividades de apresto y me obligaba a estar sentada en una esquina pintando monos Disney. Pero un día me dijo:
- Oye, tú sabes leer, ¿cierto?
- Si tía...
- Entonces te vas a quedar sentadita en tu puesto mientras lees estos cuentos... y nada de andar molestando.
Fue ahí cuando me pasa unos cuentos de hadas, como el Patito Feo o La Sirenita que de inmediato atrajeron mi atención, aunque siguió sin incluirme con los demás niños, sin embargo, eso mejoró mucho más mi situación y ya no encontraba tan aburrido tener que ir al colegio y ser la única niña que no trabajaba con sus compañeros. Y a través de esa malagestada parvularia y del amoroso interés que puso mi mamá en mi formación que me encontré ante el hermoso mundo de la literarura infantil. Para mi, ese tipo de relato es la puerta de entrada al mundo mágico, misterioso y que reside tras las palabras dirigidas a los niños, es como un jardín secreto que los espera tras cada portada, para asombrarlos y enriquecer su imaginación, que puede actuar incluso como espejo ante el cual el niño se encuentre a su mismo y encuentre nuevos roles de identificacion que le permitan construir su personalidad. Por lo menos eso me pasó a mí, yo de niña me creia Matilda,la de Roald Dahl y pensaba que como yo pasaba tanto tiempo leyendo, naturalmente iba a desarrollar habilidades telepáticas... ¡Cuantas horas pasé frente a una lenteja intentando moverla con la mente! Y si los niños me molestaban en la escuela los fulminaba con la mirada pensando que así se caerían o les pasaría algo malo, como lo merecían. Porque debo confesar que si bien la lectura me ha dado un sinfin de buenos momentos, también hizo que fuera considerada la niña rara entre mis compañeros de escuela, los cuales me molestaban y hasta me pegaban porque no entendían que cómo era posible que yo prefiriese leer a estar jugando o que casi siempre que la profesora preguuntaba cosas en la sala yo casi siempre sabía. Eso me granjeó el abuso y los malos tratos de parte de mucho de ellos.
Pero aún así yo considero que si no fuera por los libros que leí en mi infancia, como la misma Matilda, Charlie en la Fábrica de Chocolate, Sin Familia, Con Familia, El Principito, todos los Papelucho y muchos más, no sería quien soy hoy en día y lo menciono en una forma muy humilde, pero si no fuera tan buena para leer, probablemente mi destino hubiera sido muy diferente y yo sería una persona ídem y por eso agradezco siempre por que los libros sean parte fundamental de mi vida.
Ahora que soy profesora de enseñanza media no tengo un trato directo con la literatura infantil, mi área está enfocada en lo juvenil, pero aún así siempre les recomiendo los clásicos infantiles de toda una vida cuando me piden algun libro que puedan leer en su tiempo libre, sobre todo porque considero que la juventud está muy carente de asombro, de tener una mirada más límpida y menos cínica ante todo porque la vida y la sociedad los ha condicionado así, es por eso que en cierto modo los libros infantiles tienen esa capacidad terapéutica, sanadora e incluso mística de devolvernos al pasado, un pasado en que todos éramos más inocentes, con menos complejos y en que la imaginación era parte de nuestras vidas siempre y eso es lo que hay que revitalizar hoy en día, rescatar la infancia y dejar que sus valores más intrínsecos sean trasversales toda la vida.
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